Desde La Asociación Nacional de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión mostramos nuestro más sincero apoyo a los Periodistas del Periódico de Cataluña, muy en especial a los Fotoperiodistas, en esta Huelga en la que esperamos que su esfuerzo, trabajo y gallardía hagan posible que la situación que están viviendo se solucione lo más pronto posible de una manera digna.

Desde la asociación nos ponemos a vuestra disposición para lo que necesitéis.

Junta Directiva de Anigp-TV.



Madrid 16 de Mayo de 2017-05-16

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Carlos Candel Arribas

Su paso de la fotografía a las letras. De manos de sus dos obras publicada “El Manuscrito” y “Sabor de Verano”

Coloquio, con el autor, en el Centro Internacional de Prensa de Madrid



Madrid 12 de Mayo de 2017-05-16
Foto:© Eduardo Candel
En la Foto: (de izquierda a derecha) Víctor Lerena presidente de ANIGP-TV. Carlos Candel Arribas autor y Paco Torres exdirector de la revista Gigantes.

Desde 1982 hasta 2010 me dedico a la fotografía profesional trabajando en medios como el diario La Razón y sobre todo la revista Gigantes donde desarrollo mi carrera en dos etapas hasta completar 22 años.

De joven estudié cine en el CEV y después fotografía en el CEI.

Me aficiono a la lectura de la mano de Julio Verne, más tarde vendrán otros géneros y otros autores, pero la ciencia ficción siempre ha sido una debilidad. Desde muy joven he llenado cientos de folios, la mayoría duerme en el cajón o han muerto en la papelera. En 2010, me armo de valor, y autoedito mi primer libro en la editorial Bubok, se trata de "El Manuscrito" un relato de ciencia ficción.

En 2016 me alejo de ese género y me atrevo con una historia de amor y libertad con "Sabor de verano", también publicada en Bubok.

Carlos Candel, a través de su descriptiva escritura, nos hace vivir “Sabor de Verano” como una fidedigna sucesión de evocadoras imágenes. Cada página permite que nos traslademos allá donde transcurre la arrebatadora historia como si de un magnífico álbum de fotos se tratara

Sergi Alcázar Badía se ha proclamado ganador de la Beca PhotOn Festival 2017 por su serie ‘Vestigium’. Se trata de un trabajo en blanco y negro sobre el derrumbe de La Catalana, un barrio obrero de Barcelona nacido a mediados del siglo XX cuya degradación provocó la demolición de sus casas. Algunos vecinos se resistieron a abandonarlo, siendo sus últimos moradores. ‘Vestigium’ significa la huella, el rastro, la marca y, en definitiva, la memoria de un barrio que muere, dejando un vacío físico y sentimental. Alcázar también se ha proclamado ganador de #PremioPHENBecaPhotOn que le da derecho a exponer la próxima edición del festival.

“Estoy muy nervioso porque no me esperaba recibir los dos premios”, ha dicho Alcázar. “Yo no elegí el trabajo, fue el trabajo el que me eligió a mí. Empecé a ir al barrio de La Catalana hace nueve años, cuando estudiaba el bachillerato artístico. Ahí ni siquiera sabía que quería ser fotógrafo. Empecé a ir sin cámara, porque ni siquiera tenía, y cuando llevaba tres meses yendo a hablar con los vecinos, un día pensé en comprar una cámara y hacer fotos para poder pintar después cuadros sobre la situación del barrio. Pensé que la cámara era un buen medio para documentar el barrio porque los vecinos se iban a marchar de allí. Y al empezar a hacer fotos me enamoré del medio fotográfico. Fue el trabajo el que me hizo fotógrafo y no al revés”, relata.

El ganador del Premio Beca PhotOn 2017 recibe una aportación en metálico de 2.000 euros y la edición y producción de un libro impreso que formará parte de la colección de libros editados por PhotOn Festival. Los finalistas de la Beca PhotOn 2017, que fueron selecionados entre ientos de trabajos recibidos desde casi 30 paises, han sido Salvador Fenoll, Atoq Ramón, Pablo Miranzo, Marek, M.Berezowski, Shauna Frischkorn, David Arribas, Angel García, Elena Grom y Alberto Barba.

El jurado ha estado formado por María Mann (Directora de Relaciones Internacionales de la agencia EPA y miembro del equipo de jurado del World Press Photo); Panagiotis Papoutsis (director de Photometria Festival, Ioaanina, Grecia); Jean-Christoph Godet (director del Guernsey Photography Festival); Sebastian Vaida (director de Photo Romania Festival); Joseph Eid (fotoperiodista); Natalia Sancha (fotoperiodista); Javier Arcenillas (fotoperiodista); Santi Palacios (fotoperiodista); Núria López (fotoperiodista); Javier Corso (ganador de la Beca PhotOn 2015) y Tania Castro (directora de PhotOn Festival).

Sergi Alcázar (Premiá de Dalt) de 25 años, comenzó a hacer fotos en los barrios marginales de Barcelona a los 16 años interesado por lo desconocido. Al terminar sus estudios de arte empieza a estudiar fotografía en el IEFC y gana la IV Beca Connecta’t al Fotoreportatge de La Caixa con ‘Toxic’ sobre la vida de un colectivo de toxicómanos. Trabaja en la ACPG, realiza prácticas en El Magazine y sustituye al editor jefe antes de viajar a la India. Más tarde trabaja como colaborador en La Vanguardia. Actualmente es responsable de fotografía en El Nacional.cat, lo que compagina con sus proyectos de fotografía documental, retrato y publicidad.

En esta VII edición, con motivo de ser Valencia la Capital Mundial de la Alimentación en 2017, p se ha creado un premio específico al mejor reportaje documental sobre la situación de la alimentación en el mundo. El ganador de este premio ha sido el argentino Pablo Ernesto Piovano, por ‘El costo humano de los agrotóxicos’. Se trata de un trabajo que denuncia las devastadoras consecuencias de veinte años de fumigación indiscriminada con productos como el glifosfato en Argentina. Piovano, que recibirá 1.000 €, se ha impuesto a Silvia Landi, David Martín Huamaní Bedoya, David Segarra, Raúl Moreno.

El #PremioOneShotBecaPhotOn dotado con 500 € que se otorga a uno de los trabajos finalistas de la Beca PhotOn como parte de su esfuerzo por el mecenazgo artístico ligado a la fotografía ha recaído en Pablo Miranzo por su serie sobre la violencia en el estado mexicano de Veracruz y la búsqueda de muchos desaparecidos por partes de sus madres.

Todas estas ventajas, hicieron que la mítica cámara se convirtiese en la cómplice esencial de Cartier Bresson, Capa, Robert Frank, Sebastiao Salgado, Agustí Centelles, Alberto Korda...

Nosotros, los fotógrafos, tratamos con asuntos que continuamente se desvanecen, y cuando lo hacen, nada en este mundo puede hacerlos volver. No se puede revelar o imprimir un recuerdo. Henri Cartier-Bresson definía con estas palabras la pulsión refleja, intuitiva del auténtico cazador de instantes decisivos, donde manifestaba el desinterés por la fotografía en sí misma, y la obsesión por capturar una mínima fracción de tiempo de la realidad. La técnica es lo de menos, lo importante es el disparo, el estilo. Desarrollo conceptual llevado a su máxima desde el mismo momento en el que Bresson se topa con la Leica. La pequeña gran cámara, discreta, robusta, silenciosa, construida con una mecánica precisa, había nacido para convertirse en la prolongación óptica del ojo de los fotógrafos que querían contar sin ser descubiertos. Mirilla abierta a la vida íntima de todos los hombres.

Asmático, fotógrafo ocasional e ingeniero, tarjeta de presentación poco común en 1913. Oskar Barnack, aficionado al alpinismo, cansado de caminar cargado con placas de cristal, trípodes y cámaras de gran formato, empezó a desarrollar un prototipo de cámara pequeña capaz de albergar película estándar de cine de 35 milímetros. En el inicio, desarrolló un aparato destinado para evaluar el rendimiento óptico de los objetivos que fabricaba la empresa Leitz para la que trabajaba. Pero rápidamente se dio cuenta de las enormes ventajas de su ingenio. La nueva cámara produciría imágenes con un tamaño de 24x36mm con 36 exposiciones por película. Ya no habría que cambiar el negativo cada vez que se hiciera una fotografía, en pocos segundos tendrías la cámara preparada para un nuevo disparo. Oskar Barnack consiguió en 1923 convencer a su jefe Ernst Leitz II para que la compañía desarrollase 31 prototipos. La nueva cámara se presentó en la feria alemana de primavera en Leipzig en 1925 bajo el nombre de Leica, anagrama obtenido de Leitz Camera. Oskar Barnack no solamente había creado la Leica sino que se había convertido en el primer fotógrafo de la historia que hacía un reportaje en 35mm, en el desbordamiento del río Lahn en Wetzlar. El éxito de la cámara hizo que la compañía Leitz empezase a construir nuevos modelos con mejoras evidentes, la Leica I Model C (1931, la primera con objetivos intercambiables), la Leica II (1932, la primera con un telémetro acoplado) y la Leica III (1933, la primera con velocidades lentas)

Henry Cartier-Bresson, David Seymour, Gerda Taro, Robert Capa, jóvenes fotógrafos atufados de idealismo, cogen al vuelo la idea y se meten en la vida con la herramienta silenciosa en el bolsillo. El fotógrafo no parece fotógrafo, es parte de la escena, está donde las cosas suceden, renovando la manera de mirar y enseñando lo que anteriormente no se había visto con una fotografía. Cámara perfecta para los fotógrafos nómadas de Montparnasse, semilla de la mítica agencia Magnum.

Robert Capa, cuando aún era Enrö Friedmann, empeñó una y otra vez su cámara, lo único que tenía de valor para seguir subsistiendo en la vida bohemia y errante de sus años parisinos. Pagar al prestamista y recuperar la Leica para colarse mimetizado como un obrero más, en el discurso histórico de León Trotsky en Copenhague. Fotos ligeramente desenfocadas cargadas de expresividad que captaban a la perfección la vehemencia del líder exiliado. Después pateó la Guerra Civil española con su amada Gerda Taro y una Leica III colgada del hombro que ambos intercambiaban. Bombardeo de la Gran Vía de Bilbao. Muerte de un miliciano cerca de cerro Muriano. Despedida de las Brigadas Internacionales. Refugiados españoles camino del exilio a Francia. Cuando Gerda quiso ser Gerda y tomar camino propio, Capa le dejó su Leica. Con ella Gerda Taro moriría aplastada por un tanque en la batalla de Brunete. Agustí Centelles, aquella pastosa mañana de noviembre de 1937, después de que aviones italianos bombardearan Lérida, invadido de congoja e impotencia, miró donde los demás no querían mirar con el carísimo modelo Leica IIIc que había comprado a plazos. Mater Dolorosa, foto única del dolor. Patria o muerte, Fidel Castro lanzando su consigna para la historia. Alberto Korda con una Leica y una lente de 90mm montada, entre los líderes de la revolución. Turbadora rabia contenida en el rostro del guerrillero heroico. Hombre invicto que no rinde su creencia, quizás el ciento veinticincoavo de segundo más emblemático de un siglo.

En 1954 Leitz dio una vuelta de tuerca y lanzó la M3, una cámara provista de montura de bayoneta. El nuevo sistema M, auténtico prodigio del diseño por su gran flexibilidad funcional y sencillez, fue adoptado inmediatamente por los sucesores de aquellos primeros pioneros del fotoperiodismo. Larry Burrows, el chico del laboratorio de Life que había positivado fotos del mismísimo Capa, pateó las selvas de Vietnam con una M3 al pecho. Con ella moriría en 1971 cuando el helicóptero en el que viajaban fue derribado en Laos en plena Operación Lan Som 719. Había dejado para la historia una de las visiones más críticas, duras y despiadadas de la guerra de Vietnam. Sebastiao Salgado, en 1991, embadurnando de petróleo su Leica M 6, mientras fotografiaba a un grupo de bomberos canadienses que intentaban apagar los pozos petrolíferos explosionados por los soldados de Sadam Husein en el yacimiento de Burhan en Kuwait.

Sucesión de fotografías icónicas captadas con una Leica por muchos de los mejores fotógrafos del mundo, definiendo momentos clave en la historia del hombre contemporáneo. Hoy Leica sigue siendo Leica, manteniendo el mismo espíritu de su creación, sorteando los escollos de las nuevas tendencias, manteniendo una producción paralela de cámaras de negativo con sus hermanas de formato digital. Plasticidad, profundidad, redondez, ambas generaciones de cámaras unidas en el empeño. Cartier-Bresson experimentaba una especie de swing perfecto cuando se echaba el visor a la cara, ágil, silencioso, amable, relación muy bien avenida entre cámara y fotógrafo. En una ocasión le preguntaron qué opinaba sobre la Leica, el maestro dijo que podía ser un gran beso muy cálido y que también podía ser disparo de revólver, o un diván de psicoanalista. Con la Leica se puede hacer cualquier cosa. Coincidiría con las palabras proféticas de Oskar Barnack, negativos pequeños, imágenes grandes.